Desde
que tengo uso de razón he vivido cautivada por la historia de nuestro país. En
la escuela, mientras leía los textos de estudios sociales, intentaba imaginar
como habrían sido los hechos reales y me ponía a pensar en todos aquellos
detalles que se pasaban por alto. La pasión creció mucho más al llegar al
colegio, hice mi secundaria en el Colegio Nuestra Señora de los Ángeles y el
profesor que llego a ser mi adoración se llama Bolivar Araúz, al sol de hoy
confieso que era completamente deprimente hacer un ejercicio en el que aunque
todo estuviera bien, el lo llenaba de muchísimas correcciones todas en su
mayoría por errores ortográficos o encerrando algunas palabras que para su impresión
se salían de contexto. Te terminaba entregando una página llena de círculos y
tildes macroscópicas de color rojo. Aun
recuerdo su hermosa letra en el tablero. Su forma de interpretar la historia y
asociarla muchas veces con los equipos de la Major League Baseball me parecía tan peculiar. Cada novela la leía
a cabalidad. Me apasionaba el hecho de ver como a lo largo de los años, las
palabras que describían la vida y hazañas de muchos personajes y figuras
históricas se han diluido, como si el papel se hubiese mojado, la tinta se
hubiese corrido y hubiesen escrito encima para borrar su identidad. Muchos de
aquellos que lucharon por un país diferente, un mundo alternativo en el sentido
de que las diferencias sociales tan abismales que hoy día existen no fueran tales,
han sido borrados del mapa. Es necesario recalcar que si no fuera por estos personajes
aún seguiríamos siendo nexo de otro país, la esclavitud estaría vigente, la
lista es larga, pero eso es harina de otro costal.
No
me da pena decir que pertenezco a ese grupo de personas que llega a Blockbuster y se dirige al pasillo de
las películas olvidadas, donde figuran las de historia de las guerras mundiales
o autobiográficas. Si, de esas que nadie alquila, me siento afortunada porque
no peleo con los demás por un estreno, ni vivo angustiada pensando en el
recargo que tendré por entregarla tarde. Son esas las cintas que mas días de
plazo te otorgan, a final de cuentas, las películas que quiero rentar siempre
están disponibles.
Hace
unos días, en el marco de la celebración del Festival Internacional de Cine de
Panamá, se llevo a cabo la presentación en la categoría de Cine del Istmo, el
documental ensayo que lleva por título Los puños de una nación, creo que no
existe mejor forma de unir nuestra historia, todos los hechos que nos llevaron
a lo que somos hoy y a la vez entrelazarlo a la vida del mejor boxeador que
hemos tenido en nuestro país. En aquellos tiempos donde el hambre y el
descontento por la dictadura amenazaban, era justamente Mano de Piedra Durán
quien se encargaba de alimentar de alegrías a sus compatriotas siendo un héroe,
por casi 40 años consecutivos. Es la historia de nuestro país escrita a puño y
compartida con todos los panameños que vieron las peleas, representaba la
esperanza del pueblo mientras acontecía la lucha por la causa nacionalista.
El
punto es, al igual que yo, somos muchos quienes pertenecemos a una generación
que no nació a tiempo para presenciar los hechos, los que muchas veces no
terminan de ser tema de estudio en la escuela, nos toca conformarnos con
reportajes y documentales en los que se tergiversa el mensaje, y a la larga,
quedamos todos con el concepto equivocado. La prensa se encarga de ser tan
amarilla como les parezca posible, la información se pierde en el camino. Por
fortuna existen libros, novelas, documentales y películas, todas llenas de
memorias que intentan dejar una huella. La razón? Es de vital importancia conocer
y recordar el pasado, sin aferrarse, traerlo al presente para poder avanzar.
Una persona sin pasado y sin memoria es un individuo sin futuro y sin
identidad. Venimos de donde muchas otras personas han pasado. Somos el
resultado de las obras de personajes que lucharon por un futuro mejor, arriesgando
sus vidas por un solo objetivo. Nuestra historia es nuestra identidad, a ciencia
cierta es mas que eso.







